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Vivian Maier, Street Photographer.

miércoles, 27 de julio de 2016

 Tras toda una vida en el anonimato artístico y habiendo muerto en la indigencia, las más de cuatro décadas que Vivian Maier trabajó como institutriz alternándolo con su pasión por la fotografía, dieron como fruto un colosal archivo fotográfico con más de 120.000 negativos, películas en super 8 y 16mm, grabaciones sonoras y montones de carretes sin revelar.

 La Fundación Canal y PhotoEspaña presentan "VIVIAN MAIER, Street Photographer", una exposición que hace, por primera vez en Madrid, un recorrido global por la obra de la niñera que, tras su muerte, se convirtió en icono de la Fotografía.




  En esta exposición se puede disfrutar de una selección bastante representativa de su obra. Una presentación en la que se aprecia la calidad de su mirada y la sutileza con la que hizo suyo el lenguaje visual de su época.

 La infancia es una constante de vital importancia en su obra. Influenciada por su profesión de niñera, los niños a los que cuidaba también se convirtieron en modelos, en pretextos para llevar a cabo escenificaciones, retratos, juegos... La acompañaban en su largos paseos y ella parecía estudiar el vínculo que existía entre niños y adultos.




 Sus retratos son testimonio de su curiosidad por la vida cotidiana y los rasgos de las personas que llamaban su atención. En este apartado de la muestra se concentran fotografías de mujeres, ancianos e indigentes. Mientras que algunas instantáneas eran tomadas a escondidas, otras las realizaba de frente y a poca distancia. 



 Una parte importante de sus retratos lo protagonizan los vagabundos. En la serie de retratos populares refuerza a sus protagonistas respetando una cierta distancia. En el caso de individuos de clases altas, Maier les empuja literalmente o se choca a propósito con ellos, provocando un gesto algo negativo, reacción que aprovecha a captar, no sin cierta ironía y entrometiéndose casi al asalto en su esfera privada.


 Dos de los aspectos por los que mejor se reconoce el trabajo de Maier son el encuadre y el equilibrio en sus fotografías. La mayoría de ellas tomadas de frente y con cierto pragmatismo. Esto se puede apreciar en la sección de "formalismos", imágenes de elementos próximos a la anécdota, ya sean estructuras, formas o geometrías, las cuales componen una especie de minimalismo visual.



 De los barrios más populares del Nueva York y Chicago de los años 50 y 60 encontramos un compendio de detalles, gestos y actitudes de la muchedumbre anónima que con sus incongruencias, ropas, muecas y posturas daban vida a una especie de teatro callejero.






 Maier no intentaba captar nada excepcional, simplemente fotografiaba lo que veía, las pequeñas cosas de la vida. Se alienaba en el espacio con aquellos desconocidos buscando su sitio idóneo y su ángulo óptimo, ni demasiado cerca para interferir, ni demasiado lejos para ser invisible. Lo que medía con su cámara, más que la luz, era la distancia con el otro.






 Una de las facetas más reconocibles de su trabajo es quizá el autorretrato, presente en su obra con cierta insistencia. Frecuentemente rehuye la simple confrontación y su mirada se ve desviada, interrumpida por un reflejo, un quiebro; parecer rebotar sobre algo que nos saca del encuadre y nos proyecta fuera de la imagen, fuera de ella misma.

 Incluso cuando retrata a otras personas se refleja ella misma en algún elemento de la composición, convirtiendo sus retratos en velados autorretratos.





  A partir de 1965 empieza a trabajar con una Leica, con un visor directamente a la altura de la mirada (contrariamente a la Rolleiflex usada hasta entonces). Así, afronta de forma directa el contacto visual con los otros y fotografía el mundo en su coloreada realidad, divirtiéndose y subrayando los detalles chillones, las disonancias abigarradas de la moda y lo contrapuntos tornasoleados.






 Desde que su obra vio la luz en 2010, Vivian Maier se ha convertido, por derecho propio, en uno de los mayores referentes mundiales de la fotografía de calle y en un fenómeno mediático.

 La muestra contó con un total de 120 fotografías y 9 películas en Super8, que captan magistralmente el ambiente urbano de Nueva York y Chicago de la segunda mitad del siglo XX.

¿Cuándo y dónde?
 Tuvo lugar del 9 de junio al 16 de agosto en Fundación Canal, c/Mateo Inurria, 2, Madrid, <M> Plaza Castilla, entrada gratuita.

¿Quieres ver otra exposición de Fundación Canal? Aquí te muestro un resumen de "Cleopatra y la fascinación por Egipto"
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