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Julio Verne en "Los límites de la imaginación II"

lunes, 7 de diciembre de 2015

 Tras la primera parte, continuamos nuestro recorrido con la fascinación de Verne por el mar y las fotos de los paquebotes de las grandes líneas transatlánticas que para el público de la época eran algo así como naves espaciales.



 Entre ellos el "Great Teaster", con el que Verne estaba obsesionado. Fue el mayor transatlántico antes del Titanic. Llegó a viajar en él hasta E.E.U.U. y al volver escribió "La ciudad flotante". 

  Y para los amantes de las maquetas, miniaturas y juguetes varios, el Museo Naval ha prestado por primera vez una corbeta de 1874, que era el tipo de barco frecuente en las obras del autor. Ésta nos permite imaginar con gran nivel de detalle cómo era la vida en un barco. Esta en concreto es de una corbeta con cañones, de las que se empleaba en aquella época para luchar contra los piratas.


  En sus libros, hay muchos detalles sobre la vida en los barcos. De hecho el joven Julio quiso ser marinero, pero al ser el primogénito su padre le obligó a estudiar abogacía para heredar el bufete. Fue su hermano pequeño quien se hizo marino aunque años después, y con los beneficios de "La vuelta al mundo en 80 días", se compró un yate con el que cumplir su sueño.

  Aquí, una colección cedida por un particular con diversos objetos con imágenes sobre la vida de Isaac Peral. Cajas de cerillas coleccionables, libretas de papel de fumar, obras de teatro, un cromo que iba en tabletas de chocolate; un pasacalles flamenco; un autógrafo; una carta manuscrita; abanicos con las pruebas de su submarino eléctrico... incluso un aleluya de cordel sobre su vida, en una de cuyas viñetas aparece un joven Isaac Peral leyendo y donde reza "de Julio Verne las novelas, se pasa las noches enteras". 


 Otros objetos como el caballito, el buzo de la foto y los peces sombrero, fueron utilizados para escenografíar en 2001 "Los sobrinos del Capitán Grant". Y en las pantallas circulares, documentales con un pie en la ciencia y otro en el arte. 

  "El nacimiento de las medusas" o "La vida privada de los caballitos de mar" recrean un poco lo que debía de verse por los ojos de buey de un submarino como el Nautilus. En este espacio se incluye una reproducción de la primera foto submarina de la historia de la que hay registro.


  Pasamos a otro espacio con tremendas y dramáticas imágenes de fallidas incursiones en los "Desiertos de Hielo".
 Como la que muestra al Endurance, atrapado y destruido casi al inicio de la Expedición Imperial Transantártica (1914-1917). Ernest Shackleton - quien en su infancia devoraba los libros de Verne- consiguió contra todo pronóstico, que todos los hombres volvieran sanos y salvos a Inglaterra, tras dos años de terrible sufrimiento.


  En el ámbito de volar, más fotografías interesantes. Como una selección de la Fundación del Aeroclub. En una de ellas, los globos Júpiter, Urano y Marte a punto de ser lanzados para estudiar el eclipse solar en agosto de 1905 en Burgos. Fue todo un acontecimiento al que asistió gente de toda Europa y como motivo del cual, el ayuntamiento de la ciudad convocó "las fiestas del eclipse".


 A la derecha, los pasajeros de un globo cautivo en Barcelona, al que el público se subía como si de una atracción de feria se tratara. Como recuerdo, no tenían más que pedir la reproducción de la fotografía con el número apuntado del cartel correspondiente a su humilde experiencia en dicho aparato.

 Verne solo montó en globo en una ocasión y al contrario de lo que mucha gente cree, era más bien defensor de volar en aparatos más pesados que el aire. Para su estudio, constituyó una sociedad junto con Nadar, financiada con los viajes que daba éste en su globo, al que llegó a subir un estudio fotográfico para conseguir la primera foto aérea de la historia.



  Estos parisinos vitorean el éxito de Santos Dumont, padre de la aeronáutica, quien desarrolló un modelo de globo dirigible con el que, en su segundo intento, consiguió dar una vuelta a la Torre Eiffel y aterrizar en un parque cercano (en el primero estrelló su globo en una casa de parís ocasionando un espectacular incendio).

  Louis Cartier, diseñó el primer reloj de pulsera ante la dificultad de su amigo Dumont para sacar el de bolsillo a ciertas alturas y que así pudiera leer la hora durante el vuelo. 

  En la maqueta de este aeroplano se pueden apreciar algunos elementos que utilizó el español Juan Oliver, quien desde niño estaba obsesionado por volar.
  Fue a clases de ingeniería y construyó un aeroplano de forma totalmente autodidacta.


  Se pueden apreciar objetos cotidianos tales como un manillar de moto, ruedas de bicicleta, la silla de mimbre de su oficina o el motor de una motocicleta.
  Lo sorprendente fue que al poner en marcha el motor, simplemente para comprobar si tenía potencia, el aparato se despegó del suelo durante unos 60 segundos. El susto fue tal, que al hacerlo bajar se estrelló y nunca más quiso repetir la experiencia.



 Estamos en la recta final donde nos despiden con una buena colección de carteles, ilustraciones fantásticas y más extractos audiovisuales. 


  Llegados a este punto, recordaré al lector que, aunque considerado uno de los padres de la ciencia ficción, Julio Verne nunca inventó nada. Si bien la creatividad de su universo literario recogía el espíritu de su tiempo abriendo las puertas a lugares apenas intuídos, todas sus novelas estaban perfectamente documentadas.

  Por ello he aquí el lema de la exposición, una afirmación de cuya veracidad no me cabe duda. Y es que....


   Gracias por llegar hasta el final de este recorrido histórico y si queréis disfrutarlo en persona, la exposición permanecerá hasta el 21 de febrero de 2016 en el Espacio Fundación Telefónica, c/Fuencarral 3, Madrid.
De martes a domingo de 10:00 a 20:00.
 Para más información sobre las visitas guiadas, talleres educativos y otras de las actividades programadas, dirigirse a espacio.fundaciontelefonica.com
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