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Crónica de un Roller Derby

martes, 20 de octubre de 2015

  Es una tarde lluviosa de octubre y los alrededores del polideportivo "Las Cruces" están muy solicitados para aparcar. Son las 17:00 y en media hora comienza el partido, aunque jugadoras, árbitros y oficiales asistentes ya hace horas que están allí, ultimando los preparativos para que todo salga rodado. 
  Se acerca el momento y ambos equipos comienzan a calentar, a un extremo del pabellón las “gatas” de Roller Derby Madrid y en la zona de juego las Vienna Roller Derby.







 


  Sin embargo el inicio se retrasa, algo ocurre. Los oficiales sin patines están examinando la pista y tras algunas deliberaciones, la jefa de arbitraje decide que hay que desplazar la pista unos metros. 

 Se avisa a una parte del público que deben trasladarse al otro lado del pabellón mientras que las jugadoras se lanzan a despegar del suelo las cintas que delimitan la zona de juego. Y es que debido a la lluvia han aparecido algunas goteras que multiplican la peligrosidad del juego, ya que con el agua, la superficie de rodaje se convierte en mantequilla. Tras superar el desconcierto inicial, el público también reacciona rápidamente y todos colaboran moviendo asientos, mesas y banquillos, consiguiendo que en pocos minutos se pueda redibujar de nuevo el óvalo que conforma la zona de juego. 




  Para ello, se plantea primero una cuerda sobre el parqué que después se fija con cinta adhesiva negra, con el propósito de crear un pequeño relieve que las patinadoras puedan detectar cuando lo sobrepasen durante las carreras, para así recuperar su posición tras el pack y evitar cometer falta.
  Como en todo deporte reglamentario, hay que seguir un procedimiento y las medidas específicas del óvalo exigen un tiempo. Pero muy oportunamente, hace aparición un personaje dispuesto a amenizar la espera, nada menos que... ¡la mascota del equipo madrileño! Tras un disfraz de gato, el entusiasta y voluntario aficionado salta a la pista sobre un monopatín intercalando caídas de ficción con alegres pases ante el público al que saluda y distrae con aspavientos.


 Durante la espera, algunas jugadoras aprovechan para intercambiar merchadising.  Cuando por fin todo está listo y la zona de juego es segura, la locutora y Dj avisa del comienzo del partido no sin antes agradecer al público su paciencia por la considerable espera, que queda olvidada en cuanto empiezan a sonar la música para presentar a las jugadoras de cada equipo. 


 Primero el equipo visitante, las de Viena con “Bad Girls” de M.I.A., recorren la pista saludando y recibiendo los aplausos de bienvenida. Seguidamente las “gatas” al ritmo de “212” de Azealia Banks marchan a golpes de rueda sobre la pista ante los gritos y ovaciones de sus seguidores. 
 Monikraken, Holy Mary, Clara Despistes, Bambi Killer, Ana Mú o Madame Psychosis... son sólo algunos de los apodos de las jugadoras del equipo de Roller Derby Madrid, una costumbre que viene del país de origen de este deporte (E.E.U.U.), también es habitual algunas pinturas de guerra en la cara y es que cuando salen a la pista... ¡las patinadoras se transforman!  Todos los nervios acumulados por la preparación del evento y la inesperada demora quedan atrás y ¡comienza la descarga de adrenalina!

"Calentamiento previo al inicio, nuestras gatas ya con la camiseta para el partido"
 El roller derby es un juego predominantemente femenino, basado en el patinaje sobre ruedas alrededor de una pista ovalada. Participan dos equipos de 5 jugadoras cada uno, de las cuales 4 son bloqueadoras y una es la corredora o “jammer”, que es la única que puede marcar puntos. 
 El “pack” de 8 bloqueadoras, 4 de cada equipo sale en cabeza. Estas deben obstaculizar a la jammer rival y al mismo tiempo ayudar a la suya a adelantar al pack, que conseguirá un punto por cada contraria a la que sobrepase. Cada partido consta de dos tiempos de 30 minutos que se dividen en carreras de hasta dos minutos o “jams”

"Recuperando el aliento durante una sanción"

 Cuando una patinadora comete falta debe cumplir sanción en el “penalty box” donde permanecen al menos 30 segundos hasta que las asistentes les indican que pueden volver a salir a pista.

 Desde el inicio del partido, el ritmo de juego es trepidante y algo confuso para el ojo inexperto, pero la velocidad y la emoción absorben rápidamente al espectador. Me acerco a una rubia entre el público que parece conocer a las jugadoras y que es nada menos que "Launática", una de las almas del equipo de Roller Derby Madrid, y que a falta de poder jugar se desgañita sin pudor animando a sus compañeras e indicándolas los movimientos a seguir, si bien se la ve deseosa de salir a la pista aunque sea en la misma silla de ruedas en la que ha venido con la pierna escayolada.  

 Con ella repaso las reglas básicas del juego sin dejar de animar al equipo, que a pesar de llevar una ventaja de 50 puntos hacia la mitad del partido, no debe de relajarse ya que siempre es posible una remontada rápida.
 Comenta además, que a día de hoy y siendo tan minoritario, no existe ningún tipo de subvenciones ni ayuda a este deporte. Las jugadoras pagan una cuota mensual para poder entrenar en este pabellón polideportivo a cubierto, y el dinero recaudado los días de partido se dedica íntegro al alquiler de la pista para el evento. 
 Tres veces por semana entrenan para el derby durante un par de horas y además cada jugadora debe prepararse físicamente por su cuenta pues este deporte, además de un buen trabajo de equipo requiere fuerza, resistencia y agilidad. Igualmente inteligencia y estrategia son claves para ganar.














  Sobre estas líneas, una pequeña secuencia del inicio de un "jam". Las bloqueadoras de ambos equipos en posición. A la derecha, la "jammer" vienesa (se distingue por la estrella en el casco) consigue esquivar el bloqueo de las gatas.

 El equipo madrileño hace varias pruebas de patinaje al año para recibir nuevas jugadoras a las que cariñosamente llaman “mininas”. Precisamente hace poco ha habido reclutamiento y algunas jugadoras están debutando hoy por lo que juegan con una dosis de tensión extra. Pero la percepción de “Launática” es que en conjunto están jugando fenomenal, cerrando muy bien los muros de bloqueo y además haciendo muchas ofensas al equipo contrario para que nuestra jammer pueda pasar al otro equipo sin cansarse.

 Comienza la segunda mitad del partido y todos estamos ya metidos de lleno, las expectativas de ganar son altas y los vítores y aplausos van in crescendo. Los rostros de las jugadoras ya muestran signos de cansancio pero el ritmo no decrece y a pesar de las múltiples caídas, no hay tiempo para lamentaciones. Toda jugadora pierde el equilibrio en algún momento u otro, pero ninguna duda un segundo en incorporarse rápidamente para no dejar "cojo" a su equipo.


 Hay que decir que a pesar de ser un deporte de contacto donde los golpes son inevitables, no existe agresividad entre las patinadoras y de hecho no importa quién gane o pierda pues al finalizar, ambos equipos se irán de “after party” para hermanar y conocerse mejor. En esa fiesta se elegirá a las mejores jugadoras del equipo contrario y a la mejor del partido.

  En cualquier caso, hoy las gatas tienen el control, han mantenido la ventaja de puntos y siguen marcando sin piedad. El tiempo se agota y cuando los árbitros pitan el final del partido todas las gatas se lanzan en tropel a celebrar la victoria junto con "Launática" su compañera herida en combate, a quien le cuesta contener la emoción.

 Se acabó la presión, es momento de felicitarse mutuamente y todos los presentes hacen corrillo para los saludos de despedida, antes de posar para la foto de grupo. Quedaos con estas chicas porque...¡van a dar que hablar!¡MMMIIIIIIAAAAAAUUUUUUU!
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