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Vacaciones Santillanas.

miércoles, 19 de agosto de 2015


 ¿Quién no recuerda aquellos cuadernos de ejercicios para las vacaciones que se anunciaban en la tele en cuanto empezaba el verano? Si bien el famoso grupo editorial tomó su nombre precisamente de la villa más turística de Cantabria, ya podéis olvidar el pegadizo estribillo porque este día de vacaciones, nada tiene que ver con obligaciones ni deberes sino con un día de paseo por uno de los pueblos votado como de los más bonitos de España, tal como alardea en su cartel de bienvenida. 




 Santillana del Mar, también conocida como "villa de las tres mentiras" porque ni es santa, ni llana, ni tiene mar, fue declarada conjunto histórico-artístico en 1889. En sus inmediaciones se encuentra la famosa cueva de Altamira, considerada la Capilla Sixtina del arte rupestre y protegida como Patrimonio de la Humanidad.
 Obviando la cantidad ingente de turistas con los que una se puede topar durante un sábado en pleno mes de agosto, pasear por sus calles nos traslada unos cuantos siglos atrás, pues su arquitectura mantiene joyas de las épocas medieval, renacentista y barroca. 


 Pero aparte de éstas, otras joyas mucho más comunes en estos pueblos las encontramos en las calles del casco histórico. Con sus adoquines, casas centenarias de piedra y madera con sus enormes vigas, balcones floreados...  Muchos bajos han sido reconvertidos en tiendas de productos típicos cántabros donde los ojos y el contenido de la cartera se nos pierden ante la vista de los sobaos pasiegos, chocolates artesanos y quesadas, quesos y salchichones, anchoas... Y como el pueblo vive básicamente del turismo, no podían faltar las incombustibles tiendas de souvenirs con sus múltiples chini-chuminadas. 

 Sin embargo abundan también locales con artesanía de la zona, como el Taller de Serafín Torices donde  nos adentramos para descubrir un pequeño rincón de refinado gusto. En este negocio familiar trabajan como ceramistas desde 1978. Serafín estudió cerámica en la escuela de Madrid y trabaja plenamente este arte en su taller de Hinojedo y aquí en Santillana desde 1980, aportando su propio toque personal. Su hermano y su mujer le ayudan y hoy es ella, Marián, quien nos atiende y nos explica algunas de las técnicas que utilizan.



 En sus estanterías encontramos por ejemplo cuencos de arcilla refractaria y vidrio reciclado fundido, decorados con relieves de las iglesias y colegiatas románicas de la región. 
 Me llaman la atención unas réplicas de escarpines que parecen hechos de tela en vez de barro. Esta prenda aún a día de hoy se usa en algunas zonas del norte en combinación con la albarca (zuecos de madera) y viene a ser como la antigua zapatilla de andar por casa.

 Una de las piezas estrella son las cajitas con cierre invisible echas al torno con gres en dos colores (a la izquierda). Cuando aún están húmedas cortan la parte superior dibujando unas ondas, meten el vidrio y van al horno de una pieza. Al sacarlas las separan y aunque el corte pareciera hecho con láser, es todo un trabajo manual.



 Como a Serafín le gusta especialmente la geometría y jugar con las apariencias, encontramos otras piezas originales modernas con aire "Escher" como platos (en el dintel de la entrada) y algunas estructuras geométricas que simulan metal. También venden unos cuencos con caracolillos que utilizan la técnica neriage o arcilla coloreada en la que se tiñe el barro con óxidos y se trabaja con láminas finas que se superponen, se prensan y luego se cortan. O piezas de porcelana, que al ser más delicada y menos plástica, exigen movimientos más precisos para trabajarla. 
 Algunas de sus piezas las exportan a una tienda parisina de diseño e interiorismo (India Mahdavi), cuya dueña acertó a pasar por este taller y se enamoró del trabajo que "aquí se hace y aquí se vende". Pero podéis ver mucho mejor sus obras en su página de facebook.

Otra parada en la terraza de una posada y continuamos nuestro aún más alegre paseo tras llenar el estómago. En los recovecos y esquinas siempre hay alguna escena interesante que fotografiar... hasta que el acercamiento de otros turistas curiosos disuelven una escena espontánea distrayendo al sujeto antes desprevenido. 



 En otra ocasión soy yo la que interrumpo a otro artista de su trabajo, este pintor que dice no notar la crisis y que viene de vacaciones a Santillana, donde en un pequeño local expone y vende sus pinturas. La mayoría de ellas, acuarelas que retratan las calles de Santillana. Firma como Vico y aquí le vemos en pleno proceso con un óleo.



 Es esta villa un lugar ideal donde celebrar una boda y de hecho nos cruzamos con una comitiva. Incluso llegamos a atisbar un bello carruaje tirado por caballos, pero como no conseguí fotos de éste, he aquí un campesino en su tractor, que también tiene su encanto campestre.

 



  Y para pequeños rincones encantados, me despido con el del jardín delantero de esta casa cuya dueña ha reutilizado objetos cotidianos devolviéndoles sino su lustrosidad, sí un agradable verdor. 
  Si este corto paseo os ha resultado agradable ¡no perdáis oportunidad de visitar esta villa cuando vayáis al norte! 
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